viernes, noviembre 18, 2005

EN LA CAMA Y EL BAÑO





EN LA CAMA

En un año con cerca de una decena de estrenos, ésta película, la segunda del joven realizador Matías Bize, es la mejor. Por varias razones, pero principalmente porque es capaz de alzarse con una voz original, diferente, en un ejercicio dramático difícil de enfrentar, pero que sale airoso por un guión redondo y atrapante a pesar de las limitaciones autoimpuestas, y porque en su puesta en escena potente y naturalista, queda de manifiesto la voz y la mirada de una generación consciente de las dificultades de las relaciones humanas, y que tiene la valentía y la madurez de expresarlas audiovisualmente.

Si en “Sábado”, la dupla del director bisoño (Bize) y el guionista que fue su profesor (Julio Rojas), enfrentaron el desafío experimental de armar una historia en tiempo real, en su segundo trabajo conjunto cambian las coordenadas pero mantienen el espíritu: sólo dos personajes y una pura locación, para un relato que transcurre durante las horas de una noche en que una pareja mantiene sexo casual en la pieza de un motel.

Lo importante es que la intención de crear un escenario espacio-temporal forzado en ambos proyectos no se queda en lo puramente formal, en el ejercicio técnico o en el experimento. Es el marco que permite concentrarse en armar un relato contenido en sí mismo, donde la estructura del guión, el diálogo (y los silencios), los personajes y sus emociones, tengan el espacio adecuado para desarrollarse.

Lo que parte como una limitación es, en definitiva, lo que permite el desarrollo libre y dinámico de las ideas que se quieren exponer. Bruno y Daniela se han topado pocas horas antes en una fiesta y se han ido casi sin conocerse a un motel a pasar unas horas de sexo desprejuiciado. Pero eso lo sabemos después. La película parte con la pareja teniendo sexo bajo las sábanas, y es después, cuando el silencio post coito los obliga a hablar, que empiezan a aparecer nuevos elementos en esta relación que se supone, debía ser circunstancial.

¿Se puede tener sexo sin comprometer emociones o sentimientos? Esa sencilla premisa basta para armar una película que partiendo de una situación específica logra captar el ánimo de una generación. Esa premisa, más actuaciones sólidas y frescas (Lewin está estupenda, Valenzuela sorprende). Un guión que se las ingenia para mantener la tensión, poner humor, ideas interesantes, guiños y clichés inevitables y que es capaz incluso de crear suspenso con sorpresas finales incluidas. Y por supuesto, la sensibilidad del más talentoso director de la actual escena nacional.

EN LA CAMA. Chile, 2005. Dir: Matías Bize. Con Blanca Lewin, Gonzalo Valenzuela. Mayores de 14 años.


EL BAÑO

Imposible no consignar el hecho de que se junten dos cintas chilenas el mismo día, y que además, cada una ocurra –como sus títulos lo indican- en una habitación de la casa. Si “En la cama” es la metáfora de una generación joven que mira al futuro con sus trancas y esperanzas (como dice su tagline: “el lugar donde sueñas, amas, engañas”), “El baño” es el símbolo del lugar que ha ido guardando la mierda de todo un país.
El escritor, actor, dramaturgo y guionista Gregory Cohen debuta en la dirección con un proyecto que lleva años tratando de llevar a la pantalla. El pertenece a otra generación, la que sufrió el Golpe Militar en pleno, la que vio sus sueños truncados por la dictadura, y la que no concibe el futuro sin el ajuste de cuentas con un pasado que cada vez son menos los que quieren admitir, asumir, revisar y exorcizar.
La película además también usa un pie forzado. Una sola locación y un único punto de vista, como una cámara espía, que muestra lo que ocurre en el baño de una casa durante 20 años, entre 1969 y 1988. Por allí desfilan decenas de personajes, desde hippies a torturadores, pasando por miristas y maestros chasquillas, distintos ocupantes de una misma casa (país) que van depositando sus amores, frustraciones, temores, odios y venganzas. Llenando las cañerías con aquello que no queremos ver hasta que la mierda acumulada amenaza con reventar y mancharnos a todos.
Dueño de una mirada aguda, irónica y llena de humor negro, entremezcla la ternura y el horror en una serie de piezas que van armando como un rompecabezas su mirada sobre la realidad chilena y su historia reciente.
Una película inteligente, un experimento radical, una película a ratos fallida, pero sin duda una propuesta audaz y necesaria.

EL BAÑO. Chile, 2002-2005. Dir: Gregory Cohen. Con: Pablo Macaya, Faryde Kaid, Alex Zisis, Ramón Llao y Aline Kuppenheim.Mayores de 14 años.

1 comentario:

Pablo Solís dijo...

como va Olave no sabia que tenias un blog.
nos vemos.